No Seamos Como El Leñador

Fiesta Latina

No Seamos Como El Leñador

Por: Elver Renferi Herrera

No sé amigo lector o lectora, pero ya tengo varios días en los que quisiera prestar mi atención a otros argumentos que no sean la política ni los problemas de este país, y pronto, la realidad brota de cualquier espacio como un ave de mal agüero. Ayer, o fue la semana pasada, la verdad no me acuerdo, pero como les contaba, leí un relato de un leñador que era muy trabajador; tanto lo era que por estar trozando árboles no tenía tiempo de afilar el hacha y por eso se volvió un leñador infructífero. Al finalizar la lectura, me pregunté: “¿Hasta cuándo el señor presidente dejará de incitar a la discriminación?

Narraciones como la del leñador, por lo regular son anónimas, y tienen mensajes moralistas complementados de quien las reproduce. Esta, tenía una enseñanza sobre cuándo debe hacerse un alto en la vida. Leído el —aleccionador relato—, sin saber por qué, resulté, de nuevo, atorado en los caprichos del señor presidente que continua con su política antiinmigrante. Él, al igual que el leñador nunca sabe cuándo hacer ese alto en la vida. Ahora se le ha dado al señor presidente que las familias que entren ilegalmente al país tendrán que ser separadas, aunque a ciencia cierta esto no es nada nuevo, y la historia se repite. En el tiempo esclavista el historiador Michael Tadman escribió en su escrito que esta división de la familia se utilizó para recordarle al esclavo sometido que existía un control significativo que regía sus vidas. Esa misma ley, es la que hoy en día en forma despiadada y horrorosa se ha vuelto a implementar para doblegar e infundir miedo en el inmigrante.

Ahora bien, querido lector y lectora, nosotros no seremos como el leñador ni como el presidente. Nosotros podemos hacer el alto y muy significativos en la vida de cada familia inmigrante. ¿Por qué? porque nosotros también estuvimos en la misma posición. ¿Cómo lo haremos? De la manera más sencilla: los que somos residentes, hacernos ciudadanos y hacer la diferencia con nuestro voto en las próximas elecciones. Porque ya lo demostramos en las elecciones pasadas, somo minorías, pero sabremos inclinar la balanza para que se haga justicia.

A estas alturas, mi deseo de abordar el tema me poseyó por entero, en su nivel más fuerte; debió ser por eso que recordé un poema que leí en internet y creí que sería buena idea compartirlo con ustedes:

Mis hermanos inmigrantes.
Los no tomados en cuenta
los oficialmente inexistentes,
ciudadanos de quien sabe dónde,
los que inundan las tiendas de segunda mano
como su diversión favorita,
los que dan brillo a las tinas y tazas
en los “bathroom” de los hoteles,
los que queman sus manos
en las parrillas y estufas de los restaurantes,
los que son gran mayoría en las constructoras,
los que son el gran negocio
para los abogados de inmigración
y de las agencias de autos “usados como nuevos”,
los que se quedaron atrapados entre las barras de
una bandera ajena
por alcanzar las estrellas,
los que trabajan frenéticamente
y no se cansan de soñar
y nunca matan la esperanza,
los candidatos a la deportación
pero convenientes a la economía
por ser mano de obra barata,
los capaces de cualquier trabajo
y se conforman con cualquier salario,
los que pagan sus impuestos y no tienen derechos,
los que benditos inmigrantes
de los que orgullosamente formo parte.

Autor Julio Valencia.

Carlos Bunay